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La Guía metodológica para proyectos y productos de turismo cultural sustentable, surge como una iniciativa dentro de las estrategias del Plan Nacional de turismo cultural sustentable, para que sirva a diversos propósitos, según sea el estado de emprendimiento o desarrollo de las ideas de negocios que presenten los usuarios.

En este escenario, se concluyó que la guía se confeccionara en función del uso que le daría el lector, lo cual depende del estado de avance de su producto turístico cultural. Es decir, un emprendedor que ya tenga inserto su producto en el mercado y dese reforzar su negocio, el apoyo metodológico que requiere consiste básicamente en la elaboración de un plan de negocios, mientras que aquellos que aún no desarrollan su producto debiesen recibir apoyo en la elaboración del producto.

Complementariamente, el estado de avance del producto turístico debe conectarse con los propósitos genéricos del ámbito de la conservación del patrimonio y la identidad cultural, dado que debe enmarcarse en los principios de la sustentabilidad y buenas prácticas, de modo de establecer un compromiso con la salvaguardia del patrimonio cultural y natural, que son el recurso básico de la actividad turística.

Es necesario indicar, que la Guía difícilmente puede tener un carácter universalista, de este modo, se definió que estaría orientada a los pequeños y medianos empresarios, operadores turísticos, gestores culturales, y agrupaciones comunitarias locales, que buscan en el turismo cultural una oportunidad de rentabilizar el patrimonio cultural y natural que poseen, con la finalidad de generar alternativas productivas, principalmente en aquellas comunidades indígenas y rurales que solo perciben ingresos (mínimos) de la agricultura y ganadería de subsistencia. Se efectúa esta aclaración en el entendido que el instrumento, no pretende una universalidad de usuarios, que no presenten distinción alguna, sino que más bien aclarar a qué tipo de personas está orientado. No obstante, que su orientación abarque pequeños y medianos empresarios, no restringe que pueda ser utilizada por empresarios en condiciones más avanzadas que quieran revisar las temáticas sobre turismo cultural.

Respecto del turismo cultural, para tener en cuenta

La diversidad de variables que intervienen en el fenómeno del turismo, y concretamente el turismo cultural, hace muy complejo establecer una única definición conceptual y operativa. No obstante, para establecer ciertas orientaciones y esclarecimiento es necesario partir de la base, en este sentido la conceptualización del término, Turismo Cultural, congrega dos ámbitos fundamentales que se vinculan a aspectos económicos e identitarios, en primer lugar, el “Turismo”, y, en segundo lugar, la “Cultura”. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT, 2001) el Turismo “comprende las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año, con fines de ocio, por negocios y otros motivos” .

Por su parte, el concepto “Cultura” es muy amplio y obedece a diversas perspectivas y enfoques, como tantas culturas y personas existen. Sin embargo, en general se le asocia con un conjunto de modelos o patrones complejos que incluyen tradiciones, costumbres, normas, creencias, valores, símbolos, significados y objetos o herramientas materiales que son utilizados y compartidos por las personas que integran un determinado grupo social o comunidad, otorgándoles una identidad común. En su definición institucional, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y Cultura) postula que la Cultura corresponde a un “conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ello engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” (UNESCO; 1996:1)

De este modo, el turismo cultural abarca las actividades y experiencias culturales que atraen y fomentan el turismo como una forma significativa de sumergirse y disfrutar del estilo de vida de los habitantes del lugar, así como del entorno local y de los aspectos que determinan su identidad y carácter (OMT “Turismo: Panorama 2020, Volumen 7, Año 2002”) . Congruentemente, para el ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) el turismo cultural abarca “los desplazamientos de personas por motivos esencialmente culturales como los viajes de estudio, tours culturales o artísticos, por festivales y otros eventos culturales, visitas a lugares y monumentos, viajes para estudiar la naturaleza, el folklore o el arte, y las peregrinaciones” . Estas definiciones, si bien contribuyen a resaltar la cultura como foco central del turismo, desconocen la dimensión económica compleja que subyace en esta actividad, en términos de oferta y demanda de bienes y servicios culturales y patrimoniales, así como la rentabilización económica y el impacto que puede generar en el ámbito productivo local.

La UNESCO en su definición sobre Turismo Cultural sí considera los aspectos culturales, económicos y sociales que dan cuenta en esta actividad, cuando señala que corresponde a “dimensión cultural en los procesos socioeconómicos para lograr un desarrollo duradero de los pueblos” como un “modelo de desarrollo humano integral y sostenible”. Es considerada una “actividad que, no sólo contribuye al desarrollo económico, sino a la integración social y al acercamiento entre los pueblos; siendo el turismo cultural una modalidad en la que convergen políticas culturales y turísticas, portador de valores y respeto por los recursos, tanto culturales como naturales” . Se revela que el turismo es una actividad que tiene implicancias en diversas áreas, tales como en el área social, dado que está dirigido a satisfacer las necesidades e intereses de las personas; en el ámbito económico, es capaz de generar ingresos y rentabilidad en torno a bienes culturales a favor de la comunidad local; en política, porque permite responder a los lineamientos y planes de desarrollo a nivel nacional, regional y comunal; y en el área cultural, porque permite conocer los modos de vida de personas de diferentes realidades geográficas; y finalmente puede constituir un medio de formación, teniendo impacto en el área educativa, en la medida que sea una aporte al aprendizaje de la multiculturalidad.

Además, esta conceptualización de turismo cultural, resalta el elemento de sustentabilidad incorporado en la definición, lo cual contribuye a que la planificación de la actividad turística cultural se desarrolle en torno al equilibrio del ámbito económico, social y ecológico. Si el turismo es abordado con un enfoque sustentable permite aprovechar y a la vez enriquecer el patrimonio cultural, dado que transversalmente, identidad y patrimonio juegan un rol significativo en el turismo cultural, siendo factores de distinción y valoración importante para el turista o visitante a la hora de escoger un destino. Asimismo, promueve una valoración interna de la cultura local, de su patrimonio histórico, monumental, artístico y natural, otorgando la oportunidad que la población reconozca su identidad y desee proyectarla a sus visitantes reforzando los valores culturales de la comunidad, además de potenciar la creación de fuentes de trabajo e ingresos derivados del turismo.

Contacto:
Cristina Gálvez Gómez
Encargada Nacional de Turismo Cultural
Sección de Patrimonio Cultural

cristina.galvez@cultura.gob.cl